La Lectora

Post-it, subrayados en lápiz, recortes, esquinitas dobladas
y otras prácticas aberrantes.













05 enero


Jacobo, los ojos cazadores, verdes, felinos, sobre la piel muy oscura, quemada por el sol (o por un ancestro africano, vaya uno a saber), sigue extasiado mirándola despacio, hundido en sus ensueños. La vida, para él, cobra sentido a ratos, solamente, y esos ratos coinciden con la lectura de algo que lo exalte, o con la ilusión de que en algunas horas, días, meses, podrá conocer un cuerpo que por algún motivo lo seduzca. Hoy pudo leer algo sobre Angosta, y se entretuvo, pero mejor aún, acaba de encontrar a una muchacha a la que sueña con ver desnuda, con poderla tocar, besar, oler, abrazar. Otro verbo se le viene a la cabeza ya desbocada, más tosco y caballuno, pero lo rechaza de su mente con un gesto de la mano, como si se estuviera espantando una mosca. Es verdad que lo piensa, eso que no se dice ni le gusta confesarse, no por un pudor que ya no tiene, sino por preservar en sus nuevas relaciones un espacio a algo que no quisiera que fuera siempre carne, sólo carne. Decide no pensarlo más, la mira solamente.


Héctor Abad Faciolince. _Angosta_. Seix Barral. Buenos Aires, 2004.

La lectora || 2:30 PM

|


Links

Vértigo y cornisas | Resacas | Desde la ducha | Cordín de Kevlar | FeO (óxido ferroso) | Manocruel (c) | Vino con Sandía | Punto Débil | Yeguas del Orto | La corbata de Buda

Archivos

marzo 2004   abril 2004   mayo 2004   junio 2004   julio 2004   agosto 2004   septiembre 2004   octubre 2004   noviembre 2004   enero 2005   febrero 2005   marzo 2005   abril 2005   mayo 2005   junio 2005   julio 2005   agosto 2005   septiembre 2005   octubre 2005   diciembre 2005   enero 2006   marzo 2006   abril 2006   junio 2006   diciembre 2006   enero 2007   febrero 2007   marzo 2007   abril 2007   agosto 2007   noviembre 2007   enero 2008  

This page is powered by Blogger. Isn't yours? Weblog Commenting and Trackback by HaloScan.com